"Esto es para ustedes, para todos los argentinos", dijo Del Potro cuando pudo hablar en español frente a la multitud del estadio Arthur Ashe, incluyendo al propio Vilas.
"Hizo un partido tremendo y seguramente va a ganar más títulos", señaló Vilas.
Del Poco por poco y no pudo expresarse en su idiona, que el presentador de la ceremonia de premiación se resistió en darle un breve tiempo.
No podía darle crédito a su obra, aunque la misma no tuvo nada de casualidad. Después de todo, un día antes, le había propinado a Nadal su peor derrota en Slams.
De entrada, el peso de la curtida trayectoria de Federer parecía que lo cargaba fácil a una 16ta corona de Slam en 21 intentos.
Federer fue arrollador desde el principio, y en su primer quiebre dejó atónito a Del Potro cuando clavó una pelota cruzada desde un ángulo muy abierto.
"No tenía experiencia jugando este tipo de partidos", destacó Del Potro al admitir que su mal arranque fue porque estaba ansioso. "Fueron los nervios, desde anoche estaba bien nervioso y encima tenía al mejor jugador de la historia".
Su primer quiebre en el partido le permitió seguir vivo en el segundo parcial, al igualarlo 5-5, y con ello comenzó la remontada para la que fue la primera final del torneo en irse a cinco sets desde 1999.
Los papeles se invirtieron una vez que Del Potro se sacó de encima el pánico escénico de verse en su primera final en un major y comenzó a soltarse, perdiéndole el respeto al indiscutible número del mundo.
Insólitamente, fue Federer quien perdió la compustura.
Federer se ofuscó por una decisión del juez de silla en permitir el análisis del Hawk Eye por una pelota dudosa en la raya después de varios segundos. A Federer se le escapó una obscenidad en su cruce de palabras con el juez Jake Garner y le tomó tiempo en sacarse el mal gusto.
Cuando avizoraba la meta, 5-4 al frente y a dos puntos de la victoria, Federer tampoco pudo dar el golpe definitivo.
Animado por los cánticos pro argentinos desde la grada, Del Potro empezó a ser otro y ganó impulso. Con aplomo y autoridad, procedió a imponerse en el cuarto parcial por vía de un segundo desempate a su favor, forzando un quinto set al caer la noche.
En un abrir y cerrar de ojos, Del Potro se vio iluminado con su forehand cargado de dinamita y dominó el set decisivo hasta cantar victoria con su quinto quiebre de servicio en el duelo de 4 horas y 6 minutos.
Se tiró el piso azulado de la pista cuando Federer mandó larga una devolución y no pudo evitar al encontrarse en el medio de la misma levantando los brazos como flamante campeón.
Federer se cavó su propia fosa con un rosario de desaciertos. Aunque parezca increíble, el avezado veterano de 28 años cometió más errores no forzados (62) que winners (56) y acumuló 11 doble faltas.
"Roger se equivoca muy poco. Por momentos puede jugar mal, pero no te lo hace notar. Yo estuve bien, pude ganar los puntos importantes y terminar con esto que ya no lo aguantaba más", indicó Del Potro.
Viniendo de menos a más, Del Potro levantó su juego y silenció a quienes en la antesala del torneo dudaba sobre su capacidad física de aguantar el gasto de disputar cinco sets.
Una vez que puso en orden su saque, el tandilense fue espléndido al llevarse el 73% de los puntos con su primer servicio.
"Pensé que lo tenía todo bajo control durante los primeros dos sets, nunca debí haber malogrado tantas oportunidades", dijo Federer.
El suizo se tomó sin mucha amargura la derrota, algo obvio para alguien que este año finalmente logró obtener el esquivo título del Abierto de Francia para completar la colección de Slams y luego en Wimbledon eclipsar el récord de Pete Sampras de más majors con su número 15.
"Quizás pueda analizarlo después y arrepentirme de algunas cosas", dijo Federer.
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